Las calles del centro de Sevilla se quedan de momento sin sus artistas callejeros gracias a una dudosa aplicación de las ordenanzas
municipales decretada, en palabras del mismo policía que comunicaba tal postura a uno de
los cantantes afectados, “por los de arriba”. Desde hace varios días los agentes de la
policía municipal se ocupan de desalojar a los músicos y cantantes que actúan
en la calle aludiendo dos razones. Se les aproximan y les preguntan si tienen
la licencia del ayuntamiento para actuar en la calle (que no otorgan) y, en
primer lugar, les dicen que están vulnerando la ley de Ocupación de espacios
públicos y que la gente que se congrega en torno a los improvisados artistas
dificulta el tránsito y supone un problema en caso de que suceda “algo (¿?)”.
El siguiente de los motivos que aducen es la contaminación acústica producida
por el amplificador de sonido. Como solución alternativa, los agentes sugieren
a los artistas que se vayan a ejercer a las zonas periféricas de la ciudad,
algo que indigna a estos últimos, pues supone un acto de segregación al
apartarlos de las zonas más concurridas.
Al respecto de estas palabras,
una de las cantantes obligadas a parar
su actividad declaraba que hay una predisposición del ayuntamiento a echarlos
de las calles. Afirmaba esto debido a la actitud de los mismos agentes de la
policía, cuya primera razón para impedirle cantar fue la ocupación de la vía
pública y, posteriormente, y habiendo previamente dicho que podía seguir
cantando, se acercó en una segunda ocasión y le comunicó que tenía que parar de
cantar, esta vez por la contaminación acústica. Asimismo, no deja de sonar raro
usar estos argumentos en unas fechas en las que gran parte de las actividades
al aire libre ocupan bastante espacio y emiten un alto nivel de decibelios;
sirva de ejemplo el mapping de la Plaza de San Francisco, cuyo volumen
supera enormemente a cualquiera de las actuaciones de los artistas callejeros. Eso
sin hablar de celebraciones de carácter religioso tales como la Semana Santa o
el Corpus Christi, en las que las calles quedan completamente colapsadas y el
volumen de las bandas de música inunda cualquier rincón de Sevilla (por no
hablar de los ensayos, que se prolongan a lo largo de todo el año, por ejemplo
en las inmediaciones del Parlamento)
Este colectivo, cuyo número ronda
los treinta integrantes, intentó el pasado viernes arreglar esta situación para
poder seguir ganándose la vida en estas fechas de mayor afluencia de
viandantes. Para ello se dirigieron al ayuntamiento, pero no recibieron
respuesta alguna. Por el momento, en las céntricas
calles de la capital hispalense no se podrán ver ni escuchar actuaciones, en
muchos casos de gran calidad artística, que no hayan sido “autorizadas”, o lo
que viene a ser lo mismo, que no aporten beneficios económicos o de otro tipo al
ayuntamiento, gobernado por Juan Ignacio Zoido (Partido Popular) desde el año
2011.

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